Balada de Inanna

Crees que soy
como un viento
que removió dunas,
las dunas de tu pecho.
Crees que estoy
esculpida en la oscuridad
Quiere
Quiéreme tú
que estás desierto.
Me quedaré un poco más
abrazando el suelo.
Parece que, de tanto dar la espalda,
me quedé sin senderos.
Algo hace vivir:
una cuerda
que no te ate a mí
hecha de hebras
de total silencio.

Camino largo

Más sé, más que ayer.
Me pregunté qué me dabas
ni horizonte.
Consuélate,
somos siluetas
de polvo, cielo y bronce.
Sin ceder, sin llegar al final
¿Dónde,
dónde me arrodillé?
Sol, déjame!
Ya no puedo seguir
No me desnudes las manos
de lágrimas que son
voces de tu letargo.
Porque siempre estamos
solos, mi amor,
en el camino largo.
Sin ceder, sin llegar al final
¿Dónde se astilló mi alma?

Claudia

Claudia
Una herida
de luz
en tu piel de arena azul
me sonríe, a veces,
y otras ya no sé,
no, no sé entender
Si está abierta o por cerrar
Si me absorve su espiral
Si la puedo atravesar
Si me dejas intentar
Preguntas, una tras otra,
Claudia.
Este puente se ha de derrumbar
inventaremos
otra realidad que quiera
dejarnos,
dejarnos en la orilla
que tú elijas.
Quédate hasta el final,
Preguntas una tras otra,
Claudia.
Quédate hasta el final.
Hasta que duren los besos?
hasta que aclaren los cielos?
hasta que acabe el silencio?
hasta que asome en tu seno?

El Mariachi

Cansado de esperar, dio la vuelta
Se fue dando puntadas
a las piedras
A tropezones,
con la cabeza hundida en hiel
Se fue rabiando,
solo otra vez.
Si ella imaginara lo tibio que está,
mojando las pastillas
en agua con sal.
No entiende nada,
está enfermito en su vejez.
Le subió la fiebre a su alma, ¿y qué?
Asiente la noche y la va a conquistar
con un mariachi llenando el portal
su son la ablandará
Hay un sol de amor
que está temblando
Niña, escúchame
¿No quieres saber
que está cantando un corazón?
Si ella encendiera las luces
tal vez
por esa celosía
rozaría su piel
lo intentaría
hilando hiedra con mi voz
Trepando alto
estos ojos de amor.

Empate

Pueden decirme que no sucedía.
Los que están enterrados no saldrían
a escuchar provocación
si en el vientre están mejor
de su gran Madre.
Me voy a lanzar de cabeza
en esta noche de ironías,
yo sé que habrá un empate.
En qué hemisferio saldrá el sol
si el cerebro ya olvidó
a su gran Madre.
La piedra engulle mis pies
y nunca van a quejarse
Tan cerca, sobre el dolor,
que te atraviesa a raudales
esa sensación de ser,
por siempre, perdedor
de empates.

En el bosque de piedra

Duermes, cierras los ojos,
llueve y llueve y vuelve a llover
un enjambre de escombros
cubre el cuero que es ya tu piel.
Música de locos
carne para el chip
vida sin sabor
casi sin sentir.
En el bosque de piedra
una hoja se desprendió
el viento vino a buscarla
pero el peso lo doblegó.
¿Dónde están las flores
de cuando nací?
¿dónde el animal
que defiende mi jardín?.

Atraviesas estrechas puertas
que no son para tí
que no están hechas para huir.
Se supone que todos pasan
y tienen que fingir, porque
¿quién consigue ver el fin?
Vas dando tumbos en una senda cruel
y te comen los años esparcidos
por no volver
Fue en aquellos troncos
donde descubrí
nombre y corazón
abrazándose en el gris.
Atraviesas estrechas puertas
que no son para tí…
…¿Quién consigue ser feliz?

Rosario

Manuel era barquero
aorillas del Nervión
y Salomé, en la casa,
trece hijos le parió.
De entre todos, la más pequeña,
se perdía en el malecón
escapando de su ténue estrella.
Ella era el tesoro de ojos claros
asomados al balcón.
Con un lazo azul sus trenzas van
naufragando hasta la estación
donde otro tren descansa
con su carga de carbón.
Y su nombre oliendo a rosas
y sus besos aún están
floreciendo en nuestra piel de endrinas.
Ella era el tesoro de ojos claros
asomados al balcón.
Rosario.
Así se fue, regalándonos
la ternura que maduró en su risa,
a pesar de ser
Reina de la soledad. Rosario.

Silencio en Rosarito

Calles doradas, bocas de sol
están abiertas si llegamos tú y yo
por el camino, hasta la playa
anda despacio, resbalé en las palabras.
Unos se quedan a verlas pasar
ballenas que se rozan, danzando el mar
frotando lomos, cantando en su lengua
yo siento que ellas me hablan de lo que niegas.
Silencio en Rosarito, vas a beber
los pulques de canela de mis labios de miel
Diciembre va sin fiesta, así que al fin me acosté
al raso otra vez.
Sígueme en silencio
a la orilla de mis recuerdos.
Calles heridas de niños en pie
venden descalzos y yo les compraré
esa mirada y ese dulce reír
para ponerlos en tu alma a dormir.
Aquí llegamos como blancos caballos
que, de valientes, les sangraron los flancos.
Qué importa nada, si así pasó
pues ya ni modo si le quise, señor.
Sígueme en silencio
a la orilla de mis recuerdos.